Los actos de conmemoración de la Patrona de la ciudad,
la Virgen del Carmen, sirvieron para marcar el ecuador de la fiesta y,
así, el comienzo de una cuenta atrás que está marcada por tener las
jornadas en las que más personas acudirán al recinto: los días del fin
de semana.
Hasta el momento, la afluencia de personas no ha sido
masiva y la fiesta no ha logrado despegar, algo que los caseteros
esperan que ocurra hoy y se prolongue mañana para recuperar la
inversión realizada por estar apostados en las calles del Ferial.
Un año más la Virgen del Carmen coronó el caño de Sancti
Petri, aunque en esta edición ha disfrutado de una multitud de eventos
religiosos en su honor, como señal de respeto para una de las fechas
más señaladas en el calendario isleño.
Aún así, el paso por La Magdalena siguió el guión de las
jornadas anteriores, exceptuando el Día de la Mujer. Así, el público no
comenzó a acudir hasta que el sol fue perdiendo fuerza. Nuevamente,
fueron los más pequeños los primeros en asaltar el ferial en busca de
diversión y juegos. Claro que la crisis limita y los padres desarrollan
distintas estrategias para intentar convencer a sus hijos a dejar
escapar la oportunidad de montarse en alguna atracción. Como expone
Nuria García, «me sorprende que no exista un Día del Niño en que los
cacharros valgan más baratitos y los pequeños puedan disfrutar sin que
los padres tengamos que mirar constantemente al bolsillo».
Algunos han decidido poner un límite diario de dos a
tres atracciones, «según el precio, pues de los contrario nos
arruinamos y ahora más que nunca hay que mirar por la economía
familiar», expone Jesús Galindo, si bien «luego te convencen y siempre
cae algún caprichito que no se esperaban».
Conforme la noche avanzaba el recinto cobraba vida. El
punto de encuentro más utilizado un año más fue la propia entrada de la
Feria, que cuenta con la novedad de los salineros que la escoltan. Unas
figuras que se ha convertido en pequeño tema de discusión entre los
asistentes. María Rivero cree que es bueno que «le demos sabor isleño a
la feria y qué mejor que un salinero y una salinera para recibir a las
personas, claro que se ve algo vacío y necesita de más adornos en mi
opinión». Otros, como Juan Cuvillo, echan de menos «los arcos al
entrar, porque daban la sensación de que cruzabas la puerta de la Feria
y ahora todo se ve muy soso».
Nuevamente a la medianoche se concentraron los jóvenes
en el paseo marítimo anunciando las jornadas que se aproximan y en las
que serán los verdaderos protagonistas de la noche aguantando hasta que
cierren las casetas. La Magdalena espera atraer a la Bahía y remontar
la asistencia que hasta el momento acumula en sus últimas jornadas.