El guitarrista Parrilla de Jerez será
sin atisbo de duda un artista que la historia de Jerez conservará con
celo, un músico, guitarrista y compositor al que su ciudad siempre
recordará agradecida y del que todos los que les conocimos y
disfrutamos de su amistad estaremos orgullosos.
Después de varios Ictus, cardiopatías isquémicas y
derivadas complicaciones, Manuel ha permanecido postrado durante casi
cinco años en estado de hemiplejia. El pasado 23 de mayo nuestro genial
guitarrista ingresó en el Sanatorio de Santa Rosalía con un cuadro
irreversible. Cuando ese mismo día por la noche fuimos a visitarlo,
asumimos que el lamentable estado era el principio del fin.
Dicen que Dios escribe derecho con renglones torcidos;
con Parrilla me parece que lo ha hecho durante demasiado tiempo, tanto,
que no lo hemos entendido. ¿Qué le ha quedado por redimir? Ha sido tan
largo el sufrimiento infligido, que ha debido de purgar lo suyo y lo de
sus seres queridos con los que ya gozará en los cielos de la Luz
Eterna.
Extraña circunstancia la que se me ha dado; traer a esta página a una de Mis Familias Preferidas,
«Los Fernández Molina», en momento tan luctuoso. Resulta paradójico que
estando redactando el artículo de la familia Parrilla, recibiera la
triste noticia del fallecimiento del protagonista de esta saga de
artistas flamencos. Doble razón para que nos detengamos en ellos:
primero por la irreparable pérdida y segundo porque este apellido esta
entroncado con casi todas las familias gitanas de Jerez, y otras tantas
de Sevilla, Cádiz, Utrera, Lebrija, Algeciras, etc.

En Jerez lo están con: Los Moraos, Los Sorderas, Los
Pipas, Los Terremotos, Los Juanes y Los Sotos. Y por la rama de los
Molina con los Gallardo, con Manuel Molina de Sevilla, etc. Y, por
supuesto, con Tío Borrico, Tío Juanichi, El Tati, El Sernita, etc. de
los que son descendientes directos. Nombres que traemos a estas páginas
porque queremos resaltar el gran aporte sanguíneo de esta ralea de
artistas gitanos, de cuyo tronco tienen alguna rama la mayoría de las
familias flamencas jerezanas.
Manuel Fernández Molina es junto con el también
guitarrista Juan Parrilla y la bailaora Ana Parrilla, el segundo hijo
del matrimonio formado por Tío Parrilla y Tía Bernarda Molina. Nació
Manuel el 21 de septiembre de 1945. Estudió con una profesora
particular que vivía en calle Mariñiguez, destacando desde niño por su
inclinación y capacidad para la música. Ya con 13 años tocaba la
guitarra con virtuosismo, por lo que fue contratado para tocar en una
caseta de la Feria de Sevilla; por lo que tuvo que obtener el carné de
artista, el que a pesar de su edad consiguiera tras examinarlo el
mismísimo Pepe Pinto en presencia de su mujer, la Niña de los Peines y
de Tomás Pavón, quienes al escucharlo tocar por bulerías exclamaron:
«¡Se nota que eres de Jerez!».
Después de este primer trabajo pasó al tablao gaditano La Cueva del Pájaro Azul y en 1963 formó parte del elenco de la sala de fiestas La Gaditana de Ibiza. En el año 1964 lo contrató Manolo Caracol para que trabajase en su sala de fiestas. Los Canasteros, desde donde pasó al tablao El Duende para
acompañar a Terremoto, El Sernita, La Perla de Cádiz, etc. En 1965
participó junto a Enrique Morente y José Meneses en la III Semana de
Estudios Flamencos de Málaga, dando este mismo año su primer recital
como concertista en la jerezana Academia de San Dionisio de Ciencias,
Artes y Letras; con apenas 20 años.
A lo largo de su vida formó parte de numerosas compañías
de teatro, acompañando a la Paquera y a Lola Flores. Participando en
todos los tablaos de renombre, los cuales lo requerían para su
inauguración y acompañamiento de las primeras figuras; tal fue en la
madrileña Venta de El Gato en 1979 y en 1985. En 1973
la Catedral de Flamencología reconoció su virtuosismo concediéndole el
Premio Nacional de Guitarra. Siendo más tarde Director del Aula de
Guitarra.
Hombre de gran sensibilidad e interés por la cultura, su
inquietud por el conocimiento artístico le llevó a estudiar la música
culta, la que lo enriqueció y contribuyó en su faceta como compositor.
De ahí el abundante legado musical que ha dejado con varias marchas
procesionales y un sinfín de melodías, falsetas y armonías con las que
enriqueció el acervo cultural navideño a través de la colección de
villancicos Así canta nuestra tierra en Navidad.

Como también lo hiciera en el plano literario, leyendo a
los clásicos y a los poetas del 98 y del 27, siendo un fervoroso de los
Machado como también de Lorca, de los que tenía memorizado algunos de
sus poemas y obras de teatro, que recitaba de corrido cuando se daba la
ocasión. Manuel Parrilla es el artista flamenco con más talento que he
conocido, el bagaje de conocimientos que albergaba en los campos de la
música y la literatura eran infrecuentes en una persona de formación
autodidacta, pues manejaba la preceptiva literaria y el pentagrama;
conocimientos que más tarde le sirvieron para escribir y componer,
desde villancicos, sainetes y pequeñas obras de teatro, hasta las
marchas procesionales y cientos de falsetas que a través de su guitarra
dejó impresas en las numerosas grabaciones llevadas a cabo a lo largo
de su vida. Manuel Parrilla grabó con los mejores cantaores del
flamenco, tales fueron: El Agujeta, Tío Borrico, María Vargas,
Pansequito, Fosforito, José Meneses, La Paquera, La Piriñaca, Curro
Malena, El Torta, Dolores Agujetas, por citar algunos. Haciéndolo
también como director musical de los coros de la Cátedra de
Flamencología, con los que recopiló y grabó para la antigua Caja de
Ahorros de Jerez decenas de villancicos, cuya colección hoy compone uno
de los mejores acervos culturales de Andalucía. Trabajo con el que ha
tenido gran reconocimiento como investigador y músico.
Como el consumado artista que siempre fue, destacan en
su historial las Bienales y Congresos en los que ha participado,
acompañando a grandes cantaores, como también por sus conferencias y
recitales sobre el modo de tocarse la guitarra en Jerez. Destacando
sobre ellos la III Bienal de Arte Flamenco de Sevilla, el Congreso de
Actividades Flamencas celebrado en Cáceres o las diferentes Cumbres
Flamencas madrileñas en las que ha sido requerido y participado con
éxito.
El toque de guitarra de Parrilla de Jerez es singular,
destacando por su originalidad, sabor y la acusada flamenquería con la
que suena. El buen gusto y la diversidad de sus introducciones,
falsetas, rasgueos y remates, hace personalísima su forma de tocar, a
la que se suma el color de sus notas; o lo que es lo mismo, su forma
diferente de sonar. Hoy, con la cantidad de guitarristas que existen,
me sorprende como la mayoría de ellos imitan o quieren parecerse a los
maestros de este medio siglo, con lo que casi todos suenan iguales y,
sin embargo, a ninguno le suena la guitarra como a Parrilla de Jerez. A
la mayoría lo que les preocupa es la ejecución, la velocidad, ver quien
es capaz de dar más notas en el menor espacio de tiempo posible, por lo
que olvidan hacernos sentir con ese gusto especial con el que han
sabido tocar los guitarristas flamencos, sobre todo, los tocaores
gitanos. Es por lo que cualquier aficionado es capaz de distinguir la
guitarra de Parrilla de Jerez, mientras que con otros puede
equivocarse. Sonando especialmente distinta y sobrecogedora en los
toque por seguiriyas y soleares, donde da buena muestra de la ranciedad
y enjundia que ese toque debe tener. Mostrándose alegre y
cautivadoramente festera cuando la suena por bulerías, con falsetas,
cortes y rasgueos que la hacen única y distinta.

Aunque le toco a todo tipo de cantaores y cantaoras, fue
con otra artista irrepetible, La Paquera, con la que más brillo e hizo
brillar, ya que la genial cantaora necesitaba un guitarrista de su
altura, capaz de hacer frente a las dificultades que en el escenario
podía presentar su cante, el cual interpretaba movida por la
inspiración, de forma imprevista y racial; situaciones a las que Manuel
Parrilla siempre supo hacer frente y resolver sin problemas, animando e
inspirando a la cantaora, quien al oír su guitarra se estremecía y
decía: «¡Olé las campanas!».
Como guitarrista solista grabó cuatro discos: Guitarra gitana (1970), Antología de las Bulerías (1975), Jondura (1996) y Nostalgia (1998), algunos de ellos premiado como el mejor disco del año.
Pero fue en su faceta humana en la que Manuel Fernández
Molina destacó por su nobleza y bondad de hombre de bien. De trato
afable y cercano e inteligente conversación, siempre fue amigo de sus
amigos, con los que mantuvo una educada y respetuosa relación, no por
ello exenta de un acusado y fino humor, sobre todo cuando daba rienda
suelta al «tarro» y a la sorna gitana.
A pesar de todas estas virtudes humanas y cualidades
artísticas, Manuel Parrilla no fue un hombre afortunado ni económica ni
sentimentalmente, al que la vida trató con dureza, especialmente en los
últimos cinco años de su vida, pero que debido a su fe aceptó con
resignación cristiana.
Estuvo casado con Mercedes Reyes, de cuyo matrimonio
tuvieron dos hijas, Ana y Merced, para las que fue un padre ejemplar;
como también lo fuera para sus sobrinas y hermanas. Falleció el pasado
sábado día 6 tras una larga y penosa enfermedad que ha sumido a sus
familiares y amigos en una profunda y desconsolada tristeza.
Descanse en paz.