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Probablemente sea el traje de flamenca, la prenda donde la vanguardia se funde de manera más notable con la tradición, poniendo de manifiesto una moderna atemporalidad. El traje de flamenca es el único traje regional español que varia y evoluciona en función de la moda.
Talles ajustados, escotes pronunciados y un vivo colorido, son algunas de las principales tendencias seguro, veremos por las calles.
La tendencia de ajustar el talle sigue marcando un valor en alza, porque acentúa las formas femeninas y alarga ópticamente la figura. También se presentan las siluetas entalladas hasta la mitad del muslo, desde donde emergen volantes de gran volumen y trabajada caída en cascadas.
Por su parte, los escotes en forma de V y corazón y de vértigo, así como las espaldas descubiertas, complementan el entallado del traje fomentando aún más la percepción de las formas femeninas. Abundan además los hombros al aire y los escotes anudados al cuello. También los que dejan al descubierto la clavícula y equilibran el estilismo final. Las mangas se presentan muy variadas: abullonadas, estrechísimas, a la sisa. También se presentan muy largas y estrechas, cuando no brillan por su ausencia, o al codo, muy estrechas y estilosas.
En cuanto a los tejidos, todo tiene cabida, desde las exclusivas, cómodas y de calidad, como organizas, sedas, plumetis y tul –incluso en los mantoncillos- hasta el tradicional croché con las gabardinas, el punto de seda, el raso, el lamé y las muselinas. También los tejidos naturales, como el algodón satinado, los piqués o los perforados, con el lujo y la distinción de otros de atuendo más festivo, como las sedas salvajes o las organzas. No faltan el denim, los tejidos perforados y los bordados de encaje y rayas en trajes y chaquetillas. Ni tampoco las mezclas atrevidas de popelín, satén, gasas estampadas, hilo, seda, bambula y encajes.
La paleta de colores es infinita. Los pasteles, como el celeste o los beiges. Binomios blanco y negro, pero también los bermellones, turquesas, corales, violetas, morados, calabaza y calderas. Toda la gama del verde –menta, pistacho, agua, musgo o esmeralda- se suman a la fuerza y osadía del rojo que está más que presente.
Los pendientes, peinas, pulseras y colgantes personalizados, realizados a partir de cinta de seda a juego con las telas de los trajes se unen a bolsos, cinturones, carteras a juego, así como fajines, anillos, broches, mantones y estolas. Las flores, junto a peinas de cristal. También, muy espectaculares, realizados en cristal facetado de fantasía o brillantes, pero ligeros y cómodos, como los collares largos de muchas vueltas y los anillos y pulseras muy grandes. Las flores, grandes y en cualquier parte de la cabeza, fundamentalmente junto al cuello. Como novedad, los maxicollares y los mantones asidos a la cintura.
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