
Las peores expectativas que había generado la presencia de los toros de Juan Pedro Domecq se iban cumpliendo con desesperante exactitud y la tarde transcurría bajo el gris desasosiego de un plúmbeo devenir. Animales sin fuerzas, ni casta que despojaban de cualquier atisbo de emoción a todo cuanto intentasen los toreros.
Gran
expectación ha despertado este festejo en el que Enrique Ponce
comparecerá por segunda y última vez en este ruedo mientras que para El
Juli y José María Manzanares supondrá la primera de las dos citas en
las que se encuentran anunciados.
Los toros pertenecerán a la afamada ganadería de Juan Pedro Domecq y destacan por la nobleza y templada bravura de sus embestidas


Ponce y Castella, muy fríos, fueron incapaces de hallar lucimiento
Se trataba del toro de nombre Inundado, número 66 y perteneciente al hierro de La Palmosilla. Extremo que nada hubiera poseido de extraño si no fuera por el hecho de que el segundo sobrero que estaba preparado en los chiqueros era un animal llamado Aguanieve, herrado con el número 37 y perteneciente a la vacada de Torrestrella.
La Plaza de toros de El Puerto organiza, desde 12 de julio una temporada de festejos con figuras de primer nivel en el panorama del toreo: José Tomás, Morante de la Puebla, Rivera Ordóñez, El Fandi, Enrique Ponce, El Juli y José María Manzanares... el éxito está asegurado.

En una viva demostración de que el mundo de los toros ha traspasado todo tipo de fronteras y de que su arte impregna a individuos de cualquier origen y nacionalidad, aquí tenemos el ejemplo de Sebastián Castella Turzack. Nacido en Beziers (Francia), el 31 de enero de 1983, hijo de padre español y de madre polaca. Sangre latina y eslava corre por las venas de este torero que, desde muy niño, soñó y se propuso convertirse cuanto antes en figura del toreo.

Enrique Ponce es «la sabiduría, el arte, la belleza del toreo, la escultura viva sobre el ruedo. Es el poderío, el dominio total del oficio, la hondura de la lidia. Es también la juventud experta, el conocimiento cabal de todas las suertes, el temple y el valor». Son algunos epítetos con los que el insigne periodista, escritor y académico, amén de buen aficionado, Luis María Ansón describe la reconocida maestría del torero valenciano. Tras casi 20 años ininterrumpidos como figura del toreo, hay que considerar ya a Ponce como parte viva y distinguida de la historia de la tauromaquia.

La plasticidad dinámica y la emotiva majestuosidad que el toreo ecuestre posee, tienen cita el próximo sábado en el centenario ruedo del coso portuense, escenario apropiado para tales actividades rejoneadoras debido a sus amplias dimensiones y por la entendida afición al caballo que en él se suele dar cita. A esas nocturnas horas en que «las estrellas clavan rejones al agua gris», harán solemne aparición en la arena los tres jinetes actuantes.


Nació en la localidad sevillana de Salteras el 10 de marzo de 1974. Hijo de ganaderos y hermano del novillero El Paye, a lo largo de su infancia y primera juventud el mundo del toro tuvo que calar con fuerza en su vida. Y lo hizo hasta el punto de generar una desbordada afición y de fraguar en él un deseo irresistible de erigirse en figura del toreo.


Dos temporadas lleva Ana Alonso ejerciendo como presidenta en la plaza de toros de El Puerto. Primera mujer que ocupa el palco de juez del histórico coso.
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